8 sept. 2009

Cuento Sin Nombre. Parte III


Otra vez suspendido en el vacío de la muerte, las esfinges revolotean arriba de tu cabeza, esta vez no bailas con la soledad por que hay otros cadáveres que bailan contigo. Abrazas fuerte el cadáver de una mujer con la que bailas y se desmorona en tus brazos, te sacudes cualquier resto de la mujer en tu cuerpo y emprendes el vuelo en las alas de delirio. 

Tu eres un cuerdo por que todavía no has poseído la demencia. Y aunque ella te besa la frente con la ternura de una madre, de sus entrañas no has nacido.

Esta vez no deseas a la muerte como mujer. Tu instinto de niño solo desea navegar en el mar, en ese barco de periódico en el que te has embarcado, y mientras escuchas a las sirenas cantar, sientes que niño como estás, todavía tienes esperanza de ViVir. 

… Sales del colegio después de que suena la campana, tu chaqueta la tienes amarrada al cuello, reconoces a una mujer hermosa, la mas hermosa que has visto, y a esa mujer le muestras un dibujo poco simétrico de una casita roja y una familia que se toma de las manos; y la mujer orgullosa de tu obra te besa la frente y te toma la mano para cruzar la calle.

 …Mientras tu observabas al cuarentón que ofrece su corazón al que pasa; la mesera ha optado por el mismo ocio que el tuyo,  y empieza a fijarse en ti… Es un niño al que le cuelgan las piernas de la silla sin tocar el suelo, con las dos manos toma  de una tacita… y tiene una gabardina que le queda grande y una boina café, trae las piernas un poco rasguñadas, ya se asoman algunas arrugas en su cara, y tiene la piel pegada al hueso como si no hubiera comido en meses,  su piel tiene un color verdoso como si lo poco que hubiera comido fuera pan con moho… En ese momento se le cae la tacita en la mesa y se derrama un liquido de color café.

 La Maga**

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