9 sept. 2009

Aujourd'hui


Hoy se que apagaremos los silencios. Los quemaremos con el fuego del sonido etéreo. De sus cenizas cubriremos nuestros cuerpos. Mañana cuando despertemos nos preguntaremos ¿Has visto cómo han ardido nuestros miedos?. Ayer supe que comeríamos todo retroceso. Mañana entiendo que no puedo temer del firmamento. Hoy se que movemos las notas de aquel ruido corpulento. Ayer probamos el hambre que producen el vacío y el tormento. Y pienso ¡Qué bueno que en nosotros encontramos alimento!. Mañana entiendo que tu corazón se funde en mis razonamientos. Ayer comprendí que somos majestuosidad del innombrable espectro. Hoy se que somos melódico infinito de sonido dulce e imperecedero. 

La Maga* 

8 sept. 2009

Cuento Sin Nombre. Parte III


Otra vez suspendido en el vacío de la muerte, las esfinges revolotean arriba de tu cabeza, esta vez no bailas con la soledad por que hay otros cadáveres que bailan contigo. Abrazas fuerte el cadáver de una mujer con la que bailas y se desmorona en tus brazos, te sacudes cualquier resto de la mujer en tu cuerpo y emprendes el vuelo en las alas de delirio. 

Tu eres un cuerdo por que todavía no has poseído la demencia. Y aunque ella te besa la frente con la ternura de una madre, de sus entrañas no has nacido.

Esta vez no deseas a la muerte como mujer. Tu instinto de niño solo desea navegar en el mar, en ese barco de periódico en el que te has embarcado, y mientras escuchas a las sirenas cantar, sientes que niño como estás, todavía tienes esperanza de ViVir. 

… Sales del colegio después de que suena la campana, tu chaqueta la tienes amarrada al cuello, reconoces a una mujer hermosa, la mas hermosa que has visto, y a esa mujer le muestras un dibujo poco simétrico de una casita roja y una familia que se toma de las manos; y la mujer orgullosa de tu obra te besa la frente y te toma la mano para cruzar la calle.

 …Mientras tu observabas al cuarentón que ofrece su corazón al que pasa; la mesera ha optado por el mismo ocio que el tuyo,  y empieza a fijarse en ti… Es un niño al que le cuelgan las piernas de la silla sin tocar el suelo, con las dos manos toma  de una tacita… y tiene una gabardina que le queda grande y una boina café, trae las piernas un poco rasguñadas, ya se asoman algunas arrugas en su cara, y tiene la piel pegada al hueso como si no hubiera comido en meses,  su piel tiene un color verdoso como si lo poco que hubiera comido fuera pan con moho… En ese momento se le cae la tacita en la mesa y se derrama un liquido de color café.

 La Maga**

6 sept. 2009

Cuento Sin Nombre. Parte II


Bajas los treinta y dos escalones, sales por el callejón y cruzas la calle hacia la Plaza de Armas. Después de sentarte en una desgastada banca, sacas del bolsillo de tu gabardina: un libro de Julio Cortázar, dos insignificantes monedas para alimentar tú también a las horribles palomas con cuerpo de esfinge, un paraguas por que empezará a llover en cualquier momento, un sucio pañuelo por que todavía sientes las lagañas que te pegan las pestañas y no te permiten abrir los ojos por completo, la llave del compartimiento de tu pecho que vuelves a guardar por que la sacaste por error, y finalmente, una boina café horrible que a ti te encanta por que te hace sentir como Oliveira en París momentos antes de volver a Argentina.

Mientras sientes los arañazos en tus piernas que te hacen las palomas con sus pequeñas garras de león mientras las alimentas, observas que todo es como siempre… En la cafetería de la esquina la mesera sirve café en tres tazas diferentes, la anciana de las palomas sangra sin parar de las piernas mientras alimenta a las palomas, un niño juega a carbonizar hormigas con una lupa mientras su elegante madre habla con otra mujer sobre la prestigiosa escuela donde el niño empezara a estudiar después del verano para ser abogado cuando sea adulto; ahí te das cuenta lo grandes que son los abogados, nunca rompen las leyes… juegan con su maleabilidad. Maleabilidad que pudre a pobres en la cárcel y compra viajes a los ricos.

De pronto, cuando ves que la anciana se ha quedado ya sin una pierna y sólo cuelga un pedazo de hueso, empiezas a sentir que tu también sangras y decides que es mejor perderte en algún otro lado, por lo que guardas todo en el bolsillo de tu gabardina y caminas hacia la cafetería…

Ya ahí, te tomas cinco tazas de café, ahora si de café y no de agua estancada, mientras te dispones a observar la intimidad de cada uno de los que comparten tu espacio.

Primero te fijas en la mesera a la que no le falta hombre que la desnude con los ojos cada vez que se inclina para servirles más café, tiene las manos manchadas, deformes como se deforman cuando los viejos tienen artritis reumatoide deformante, toda ella está encorvada y la calvicie de su cabeza no es uniforme, tiene los ojos en blanco y está ciega, sólo tiene tres dientes que mas bien parecen pedazos de madera podrida por el agua.

Luego observas al elegante burócrata que toma té a las seis de la tarde; arrastra pesadas cadenas de sus tobillos, tiene toda la espalda flagelada de la misma manera que el gobierno lo hace para sacar confesiones a los presos, en su portafolios no carga más que con la humillación de las violaciones en prisión con su firma en la esquina inferior derecha del documento, y en una mano mutilada carga una fotografía de una familia que no gana ni el salario mínimo.

Después ves a un triste cuarentón de pelo enmarañado que toca su guitarra; viste bien y sin lujos, con lo que es justo y necesario, la sonrisa se le desborda de la cara y te das cuenta que en la tercera mano tiene un corazón palpitante como el que tu mides todas las mañanas, con la diferencia que el de él tiene un tamaño considerable y late a un ritmo constante, mientras su mano lo ofrece a todo el que pasa junto a él.

Sin darte cuenta, has derramado el café y entonces, cansado de ver la fascinante realidad de esa gente, te vas de la cafetería dejando como cuenta una deuda de cinco monedas.

….Llegas a tu departamento en la noche, a la hora que los lobos se comen a las zorras, te encierras, haces toda necesidad fisiológica cerciorándote antes de que el duende no volvió a poner ahí la cinta métrica.

Finalmente, como todos los días y todas las noches, cansado de tu realidad te metes en la taza del ficticio café; te cuesta menos trabajo que la noche anterior a la anterior –ya que la anterior estuviste ocupado en otro asunto- y, como lo comprobaste al ponerte la gabardina esa mañana, te estás encogiendo.


La Maga*

26 ago. 2009

Cuento Sin Nombre. Parte I


…El ambiente esta caliente. La ropa se adhiere a la piel de un modo insoportable, el cabello se pega al cuello, las gotas de sudor corren por la frente y desembocan en la boca dejando su sabor salado, la respiración es cada vez más difícil y entrecortada, la densidad del aire no permite que éste entre a llenar tus pulmones y te mueres ahí, suspendido en el abismo. Te asfixias y no puedes gritar por el temor a que se escape por tu boca el último aliento que tienes para vivir un segundo más. Quieres moverte, e intentas sacudirte inútilmente para darte cuenta de que todos tus miembros son más pesados que tu mismo y no tienes la fuerza necesaria para arrastrarlos.
Entonces, solo entonces, deseas morirte de una vez. De esa forma no tienes que seguir soportando el asqueroso calor, tampoco necesitarás respirar y se disipará todo miedo. Ahora si la muerte parece seductora, hasta le ves cuerpo de mujer; incluso encuentras cierto parecido con la puta que te tiraste una noche anterior… Pero a diferencia de ésta, la muerte no se entrega, solo se ríe de ti y camina en círculos a tu alrededor y sus ojos repasan todo tu cuerpo; finalmente se acerca y acerca su cuerpo al tuyo, y cuando crees que finalmente vas a poseerla y terminar con tu martirio… dejas de navegar en tu café.

…Está asqueroso, ni siquiera tiene sabor a café, pero cuando tu economía no da para más y tu vicio persiste en que lo satisfagas, terminas tomando cualquier cosa que se le parezca.
Le pones mas azúcar para disfrazar el sabor de agua estancada mientras escuchas a la pareja de al lado discutir otra vez, pero la discusión la sofoca la sinfonía número nueve de Beethoven que escuchas todos los días, de todos los meses, desde que tienes memoria.
Cierras las persianas de la ventana como todas las mañanas, ese maldito duende siempre ha de abrirla en la noche para intentar derretirte con la luz del sol.
Abres la gaveta apolillada para sacar algo que calme tu hambre, pero solo encuentras el mismo pan rancio con moho que te prepara tu instinto de sobrevivencia; te lo comes resignado.
Luego te diriges a la esquina del cuarto que utilizas como baño: una bacinica, una cubeta con agua que nunca tienes que preocuparte por llenar por que siempre el mismo duende que intenta matarte con la luz, te prepara el baño; y la mitad de un espejo…espejo que has tapado con una franela negra, en un principio para no descubrir una nueva arruga en tu cara, ahora solo por costumbre y por que te has olvidado de cómo eres. Tampoco te interesa saberlo.


Abres el compartimiento que tienes en tu pecho, te sacas el corazón –como todas tus rutinarias mañanas- para empezar el ritual ya acostumbrado. Intentas que no se enreden las arterias en el momento de sacarlo de tu pecho, y tienes especial cuidado con la arteria azul. Mientras late el corazón en tu mano buscas la cinta métrica – ¡ese estúpido duende todo lo mueve de su lugar!- finalmente la encuentras dentro de la bacinica, esta algo oxidada, la frotas con tu pantalón, y entonces mides el diámetro y circunferencia de tu corazón esperanzado de que haya aumentado un poco, pero te das cuenta que ha perdido medio centímetro… Vuelves a acomodar las arterias y levantas las costillas para acomodar tu palpitante corazón en el pecho otra vez. Apuntas el nuevo dato en una gráfica que tienes en la pared.


El día está como todos los días de un caluroso verano, nublado y con un frío que te entume todo lo que desde la noche anterior tienes entumido. Aún así te dispones a salir a la plaza de armas para ver con cierta repulsión a la anciana que alimenta esas horribles palomas con cuerpo de esfinge… ahora lo recuerdas, la franela negra está en el espejo desde que viste el ultraje de ser viejo a través de esa anciana. Te pones la bufanda alrededor del cuello y una gabardina negra que cuando te la pones, notas que las mangas te quedan seis centímetros abajo de la muñeca…Que extraño, me estoy encogiendo… y con éste pensamiento sales de tu departamento número 3, mientras ves a la mujer de al lado que sale con una destartalada maleta azotando la puerta y cuando pasa frente a ti te sonríe, esfuerzo que tu sabes inútil por que puedes ver que se esta pudriendo.


La Maga**

25 jun. 2009

...Hier...


Comprender el abismo infinito y entender que la chispa se apaga.
Saber que los lazos se acostumbran y que ha muerto la visión pasada.
Es aceptar la burda resaca.

Esperar el fénix del pasado y encontrar que tu cuerpo toma su mano.
Aceptar que las almas no se fusionan y que los deseos son encontrados.
Es lastimar el corazón enamorado.

Entender la dependencia absurda y combatir las torpes ataduras.
Descifrar la evolución compartida y admirar que las almas decidan.
Recordar la añoranza perdida y encontrar el sendero de
nostrae vida.
Es regresar al futuro del séptimo enigma.

*La Maga*

26 abr. 2009

Rendez-Vous Avec La Liberté Maîtresse


Significativos sustantivos alados galopan con verde desenfreno atropellando añoranzas de recuerdos, sí, de sueños y sentimientos, de literatura de vida, de reloj loco, de tiempo impuntual, de manecilla suave.
¡Qué bonita cadena! Dorada y acorde. Acorde como cuerdas, como cuerdas de guitarra. Estoy enamorada de los trastes. Ayer vomité letras lloronas.
Existen los atardeceres seguros pero no encuentro las realidades amigas.
¿Dónde está la libertad niña? La dejé perdida, seducida por los ojos felinos de una cintura fina, de un escote amargo envenenado de opio.
Quiere que le quiera, quiere que le quiera más.
Esclava dulce de tu libertad coqueta. Reina helada con mirada altiva. Sonrisa de desprecio frente al sacrificio humano. Arterias abiertas en libertad genuina. Temor sofocado en sonrisa confundida.
En mueca.
En media vuelta.

La Maga**

21 abr. 2009

Say What You Mean...

...Mean What You Say



De Dead Can Dance para La Maga*

18 mar. 2009

Capítulo 68


Rocamadour, a mí como a ella también me gusta decir tu nombre. También me gusta escribirte aunque esto no vayas a leerlo nunca. Tal vez cuando lo leas no lleves este nombre, Rocamadour. Si es que lo lees. Si es que existes.
Te imagino Rocamadour y me pregunto si te heredará su corazón de poeta. Un día tendrás destellos en tus ojos. Tal vez un día una mano femenina dibujará surcos en tus párpados, en tus párpados y en tus pulmones. Yo la vigilaré celosa, Rocamadour. Te diré que la fantasía existe sólo en la franqueza, te advertiré sobre su belleza altanera, acariciaré tu corazón de poeta.
Rocamadour, tal vez vas a seguirla encantado, entonando versos y castillos alados. Te diré que sonríe con hielo, que el elixir que te da también es veneno. Te advertiré que es princesa desierta, endiosada con coronas de espinas certeras.
Tú le regalarás hechos, velarás sus ojos despiertos, dormirás en sus cabellos ajenos.
Yo la conozco Rocamadour. No quiero que te inyecte flagelos. Me dirás que su cuerpo es tu templo, que tu amor son dos viajes de encuentro. Yo por mi parte voy a acariciar tu cabello. Confirmaré que te dejó sus labios solitarios y viajeros. Repasaré en ti sus manos que antes tejieron con cuerdas nuestros lamentos. Sentiré en tu abrazo su sueño bohemio.
Te conozco tan bien Rocamadour, te conozco tan bien por que conocí su llanto, su risa y su silencio. Y la conozco a ella, conozco su libertad y su engaño de piedra.
Te pediré que la dejes, que vueles y te aseguraré que también lo hace ella. Pero conozco Rocamadour tu respuesta. Entonces cerraré los ojos y desearé que con prisa te encuentres frente a su danza que fluye y envenena. Por eso espero que también te haya dejado su evolución fantástica y duradera, para que no te someta a sus poderes de amazona hechicera.
Quiero que te le parezcas tanto Rocamadour, que cuando yo te mire recuerde que también fui princesa vanidosa y somnolienta.
Rocamadour, Rocamadour, Rocamadour. ¡Qué niño te ves brincando sobre la rayuela!
En este momento te escribo y te deseo que te le parezcas cuando te encuentres con sus filosas manos de seda.
Parece una niña, no confíes en su mirada tierna.
Pero ella no es mala Rocamadour. Seguro te quiere. Es sólo que se viste de dragón y a veces de sirena. Se hipnotiza con cristales y campanitas. Se descubrió volátil y etérea.
Es por eso querido Rocamadour que no te alejo de su mirada risueña. Podría si quisiera. Pero no. Por que te quiero tanto a ti… ¡Amo tanto tu alma gemela! Por eso lloro contigo y con tu hada de alas morenas. Me gusta cuando los veo mirándose a los ojos en una fracción entera. Te lo advertiré otra vez, ahora deseando que vueles y aterrices dentro de su cavidad placentera.
No debes alarmarte Rocamadour. Se que no lo entiendes ahora que te veo jugando con tu inocencia.
Rocamadour, Rocamadour, Rocamadour. Tu nombre me envuelve y me seda. Me prepara a resistir la tormenta.
Mi querido Rocamadour, espero que te herede su hermosa alma de poeta.
Mon amour, Rocamadour, mon cœur.
La Maga**

4 mar. 2009

Pluie après la Sécheresse



Aujourd’hui je sens que mon coeur est plus étroit. Il semble être la primauté de mes pensées. C’est pour ça que j’accueille ton façon de penser. Néanmoins, mes vieilles coutumes repoussent telle manière d’être. Elles ne sont pas soumises á tes désires. Tu m’as dit que tout le monde a un délai pour changer sa mise. Je ne crois pas. Tes attitudes sont sous réserve de mon cerveau. Par ailleurs, je me rends compte que, bien que tu ne veuilles pas, ton cœur poursuit mes rêves.


**La Maga**

Primauté de Parole

Se presentó ante mí con figura de sequía. De escasez de agua, más no de falta de vida.
Se mantuvo inerte, intacta, musicalizada por sensaciones certeras y bruscas, tan bruscas que dejaron las palabras sofocadas, tendidas letras arriba.
Las miré indiferente, las removí suplicante, las guardé esperanzada.
Hoy en caída libre de histeria, de comportamiento y de huida me encuentro deletreando un deseo incontenible de trazar sonidos, de dibujar historias, colorear ideas y matizar notas suspensas que encuentren tus ojos, y los de él, y los suyos y los de aquél que observan descifrando la simpleza de mi sequía.
Tal vez con las ramas secas que me quedan debiera prender la hoguera para que arda desafiante mi risa que acumula estas palabras vagas y altaneras.
Tras cerrar los ojos un momento y trazar pinceladas cautivas, libero la sonrisa y claridad que me permita, a partir de ahora, volver al vicio de las letras.

**La Maga**

15 ene. 2009

Capítulo 7. Rayuela


Capítulo 7


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Capítulo 7. Rayuela. Cortazar.

14 ene. 2009

...Sans Parler...

Densa, oscura, se cierne y asfixia, difusa, eterna y ya conocida.
Hoy soy como bala de plata asesina, veneno certero y perpetua caída.
Ahora pareces espíritu antiguo, temo el pasado pariente al presente. Me detiene a ceder, me incita a correr, me inspira permanecer.
No quiero encontrarte en delirio, no quiero atinarme ajena al respiro.
Si hoy tiene nombre, ¿lo tiene mañana también?
Hoy siento mi espíritu adusto y vacío.
Ta manière d’être, ma manière de comprendre. Pourquoi pas?
Enfermo quimérico, fría de hielo, profundo, exacto y perpetuo.
Duele el silencio, golpean tus puños de acero.
Hoy soy como grito iracundo en deshielo.
Eres arcano de sueño soñado.
Destierro.

La Maga**