18 mar. 2009

Capítulo 68


Rocamadour, a mí como a ella también me gusta decir tu nombre. También me gusta escribirte aunque esto no vayas a leerlo nunca. Tal vez cuando lo leas no lleves este nombre, Rocamadour. Si es que lo lees. Si es que existes.
Te imagino Rocamadour y me pregunto si te heredará su corazón de poeta. Un día tendrás destellos en tus ojos. Tal vez un día una mano femenina dibujará surcos en tus párpados, en tus párpados y en tus pulmones. Yo la vigilaré celosa, Rocamadour. Te diré que la fantasía existe sólo en la franqueza, te advertiré sobre su belleza altanera, acariciaré tu corazón de poeta.
Rocamadour, tal vez vas a seguirla encantado, entonando versos y castillos alados. Te diré que sonríe con hielo, que el elixir que te da también es veneno. Te advertiré que es princesa desierta, endiosada con coronas de espinas certeras.
Tú le regalarás hechos, velarás sus ojos despiertos, dormirás en sus cabellos ajenos.
Yo la conozco Rocamadour. No quiero que te inyecte flagelos. Me dirás que su cuerpo es tu templo, que tu amor son dos viajes de encuentro. Yo por mi parte voy a acariciar tu cabello. Confirmaré que te dejó sus labios solitarios y viajeros. Repasaré en ti sus manos que antes tejieron con cuerdas nuestros lamentos. Sentiré en tu abrazo su sueño bohemio.
Te conozco tan bien Rocamadour, te conozco tan bien por que conocí su llanto, su risa y su silencio. Y la conozco a ella, conozco su libertad y su engaño de piedra.
Te pediré que la dejes, que vueles y te aseguraré que también lo hace ella. Pero conozco Rocamadour tu respuesta. Entonces cerraré los ojos y desearé que con prisa te encuentres frente a su danza que fluye y envenena. Por eso espero que también te haya dejado su evolución fantástica y duradera, para que no te someta a sus poderes de amazona hechicera.
Quiero que te le parezcas tanto Rocamadour, que cuando yo te mire recuerde que también fui princesa vanidosa y somnolienta.
Rocamadour, Rocamadour, Rocamadour. ¡Qué niño te ves brincando sobre la rayuela!
En este momento te escribo y te deseo que te le parezcas cuando te encuentres con sus filosas manos de seda.
Parece una niña, no confíes en su mirada tierna.
Pero ella no es mala Rocamadour. Seguro te quiere. Es sólo que se viste de dragón y a veces de sirena. Se hipnotiza con cristales y campanitas. Se descubrió volátil y etérea.
Es por eso querido Rocamadour que no te alejo de su mirada risueña. Podría si quisiera. Pero no. Por que te quiero tanto a ti… ¡Amo tanto tu alma gemela! Por eso lloro contigo y con tu hada de alas morenas. Me gusta cuando los veo mirándose a los ojos en una fracción entera. Te lo advertiré otra vez, ahora deseando que vueles y aterrices dentro de su cavidad placentera.
No debes alarmarte Rocamadour. Se que no lo entiendes ahora que te veo jugando con tu inocencia.
Rocamadour, Rocamadour, Rocamadour. Tu nombre me envuelve y me seda. Me prepara a resistir la tormenta.
Mi querido Rocamadour, espero que te herede su hermosa alma de poeta.
Mon amour, Rocamadour, mon cœur.
La Maga**

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