30 may. 2008

I


Y es que tal vez todavía perteneces a la noche de su cabello y descansas en las memorias de sus recuerdos atemorizándote por aquel lazo próximo que la aleja de ti por todo momento.
Tal vez sólo te confundió la soledad sumada a los instintos pasionales del erotismo y dijiste palabras hermosas que me envolvieron con sus propiedades curativas y delirantes.
Tal vez te confrontaste con la decepción de estas vidas tan polares, tan distantes, tan llenas de pasados que continúan en tiempo presente; quizá fue abismal el desencanto. Casi puedo vislumbrar tu mirada baja y tu boca que se entorpece buscando palabras inútiles para llenar el vacío. Puedo imaginarte pensativo, inmerso en sensaciones bajo una luna espectadora que susurra respuestas a tu oído.
Tal vez todo son tan sólo configuraciones matemáticas de mis percepciones que suman pistas, multiplican factores, dividen el tiempo entre nosotros, derivan e integran intentando revelar los pensamientos que expliquen tus acciones.
En estos últimos tiempos, nunca hasta este momento, se presentan ante mi mis sensaciones transparentes, se presentan desnudas sin falsos pudores; en estos momentos el sedante son los acordes de la guitarra y esa música blanca que baila con el reflejo turbio de mi espejo.
Y que incierto me sabe el minuto que nos espera. Tan incierto como cierto lo sabemos.
Y que aguda se siente la apendicitis del corazón enfermo.
Y que lejano se vislumbra ese momento mágico y difuso, envuelto en niebla y en acciones automáticas regidas por la inercia de la noche y el enamoramiento adolescente que musicaliza la ciudad de la furia.
Y que sonrisas me generan las remembranzas escritas y tu ternura de niño, la complicidad que nos guió a este momento y la cosquilla eléctrica de tu presencia, los detalles y pormenores que concebiste deseando alcanzar la fusión perfecta, los días de encanto y la ilusión de la incertidumbre.
Hoy la incertidumbre es lastimosa, se queja buscando el elixir descansando en los trastes y las cuerdas, en afirmaciones melódicas.
Tal vez todo son sólo los delirios de una fiebre anímica de 40 grados que aqueja mis sueños de princesa y entorpecen tus pasos desvirtuando aquel que sea tu indisoluble amor enamorado.
Por esto y más, no lo sientas, alégrate por que tienes alas, disfruta el laberinto borgiano y recuerda girar siempre a la izquierda.


La Maga*

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